lunes, 5 de septiembre de 2011

El lenguaje en la prensa deportiva

Hoy añadimos un nuevo escrito de El Tarry para este blog.



Como admirador que soy de La Verdad del Deporte os debo una tercera colaboración y esa colaboración que os debo os la voy a pagar. (Dicho sea esto parafraseando a inefable alcalde de Villar del Río, de la genial película Bienvenido Mr. Marshal, del no menos genial Berlanga).

Así pues, tras este preámbulo, más cinematográfico que deportivo, que me he permitido en homenaje al gran maestro, vamos al lo nuestro.

Esta vez, continuando con mis comentarios críticos hacia la prensa deportiva, voy a centrar la atención en la serie de palabras o expresiones que algunos de sus profesionales se inventan, menospreciando con ello al diccionario de la RAE y a la propia Academia institución que, no lo olvidemos, tiene como lema “Limpia, brilla y da esplendor”, al lenguaje, claro.
Veamos dos o tres ejemplos de esta nefasta inventiva como muestra más significativa, aunque circulan por ahí otros muchos vocablos no menos chirriantes.

“ENCIMAR”

Dícese en la jerga de los cronistas deportivos, fundamentalmente de fútbol, (ya sea en prensa, radio o TV) del jugador (defensa) que, ejerciendo un férreo y pegajoso marcaje sobre el contrario (normalmente delantero), es como si estuviese encima de él, sin permitirle maniobrar ni chutar con comodidad. En lo deportivo nada que objetar, es la función primordial de un buen defensa. Pero en cuanto a la forma de expresarlo ya no estamos tan de acuerdo. La expresión estar encima, correcta, no les autoriza a inventar el verbo “encimar”, verbo inexistente y a todas luces malsonante en nuestro idioma. Así pues creemos que merece tarjeta roja. No el defensor, si no ha cometido falta, sino el cronista que así se exprese. ¿No existen verbos o expresiones lingüísticas menos retorcidas, tales como acosar, dificultar, presionar, etc.?

“TRIVOTE”

Desde hace ya tiempo, en el centro del campo, las tácticas seguidas por los distintos entrenadores han venido situando en dicha zona uno, dos o tres medios centros que por su forma de bascular han dado en llamarse pivotes; así oímos acertadamente que tal equipo juega con un pivote, o con dos y hasta en ocasiones con tres. Pues bien, (mejor dicho, mal) es en este último caso cuando algunos se han permitido inventar la aberración lingüística de llamarle a eso trivote, pretendido derivado inexistente en nuestra lengua de pivote, cuando esta función es ejercida por tres. Así como no existe bivote para dos, tampoco trivote en el caso de tres; en tal caso sería trío o triplete de pivotes o, simplemente, jugar con tres pivotes.
(El propio corrector ortográfico de este texto marca de inmediato espantado bivote y trivote en rojo, por no decir sonrojado).

“BALÓN DIVIDIDO”

Otra expresión horrorosa que frecuentemente leemos y escuchamos en las crónicas y retransmisiones futbolísticas.
En primer lugar todo viene de emplear erróneamente la palabra balón cuando queremos aludir al pase del mismo. Así se oye o lee que fulano recibe pocos balones (por pases). Balón solo puede recibir uno aunque sea mediante pocos o muchos pases (que no asistencias, término propio del baloncesto que también oímos a veces, dicho sea de paso). Pero lo que ya es el colmo de retorcer el lenguaje es hablar de “balón dividido” cuando el balón (entero) llega, fruto de un pase impreciso, sin destinatario claro a dos jugadores de distinto equipo que se lo han de disputar. Volvemos a lo anterior; lo impreciso lo que provoca la disputa no es el balón sino el pase. Pero, en cualquier caso, nunca puede ser dividido. ¿No sonarían mejor las expresiones pase impreciso, de dudoso destino o perdido? Un balón, señores, si se me permite el sarcasmo, nunca es divisible como puede serlo una sandía, (y de hecho así se venden a veces, por mitades).

Y, para finalizar, y no cargar todas las tintas sobre el periodista deportivo, metámonos un poco con el lenguaje utilizado por los verdaderos protagonistas del deporte, los jugadores, que también tienen lo suyo en cuanto al lenguaje se refiere.

Es sorprendente, negativamente sorprendente diría yo, la pobreza de lenguaje y la poca facilidad de palabra que se observa en las entrevistas que a diario tenemos ocasión de oír o leer. Y me refiero a todos, incluidas las grandes figuras, los famosos y multimillonarios. Puedo asegurar después de escuchar o leer cientos de esas entrevistas, con papel y bolígrafo en la mano para ir tomando notas, que más del 80% de los jugadores en cualquier entrevista llegan a repetir hasta la saciedad estas dos expresiones: “bueno” y “la verdad es que”… al comienzo de cada frase. Así podemos leer o escuchar a diario diálogos de tal simpleza y monotonía como el ejemplo que sigue:

-Ha sido un partido difícil, ¿no?
-La verdad es que si, pero bueno. Empezamos jugando bien hasta que en la segunda parte el cansancio nos venció, pero bueno, la verdad es que luchamos hasta el final aunque hayamos perdido pero bueno, la verdad es que estamos contentos de nuestra entrega.

No es exageración, los hay aún peores. Yo he llegado a contar en una entrevista de no más de 3 minutos hasta 10 “bueno” o 10 “la verdad es que…” Naturalmente en la prensa escrita se nota menos porque el periodista, con buen criterio, suprime muchas de estas muletillas que, machaconamente, suelta el entrevistado. Pero les animo a oír una entrevista en directo y hacer el recuento. Les sorprenderá el resultado.

Hay otras muletillas que también se repiten pero estas dos son las más frecuentes con diferencia.

Por cierto que muletilla es una palabra que define muy bien su uso indebido, pues el que las emplea tan machaconamente es, en definitiva, un cojo del lenguaje.


EL TARRY

1 comentario:

Gustavo dijo...

http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=encimar